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domingo, 25 de marzo de 2012

Reseña del poemario "Guardián de acantilados" de Joe Montesinos Illesca

Guardián de acantilados. Joe Montesinos Illesca. Pájaros en los Cables Editores. Lima. 2010.
De antiguo sabemos que la metáfora funciona como el corazón en la difícil anatomía del verso, ya que le transmite -y renueva- vida, permanentemente, a una de las más antiguas artes, que es la poesía. Por ello, una obra que nos sorprenda por la abundancia de esta figura literaria, es siempre bienvenida y celebratoria; tal como ocurre en Guardián de acantilados, primer poemario de Joe Montesinos Illesca.
Así, en este libro podemos leer líneas como:
Mi corazón es un helicóptero sobre la hierba // Mi corazón es un asesino que pasea libremente con anteojos girasoles // Mi corazón es azul por las mañanas…/ es un garabato de sol en el agua
Y de igual modo, más adelante, encontramos contundentes imágenes:
Poesía es para aquellos/ que caminan reversos por la noche sobre el mar…// Poesía es el somnífero que me esculpe en pleno vuelo.
En cuanto al sentido totalizador de la obra, es preciso señalar dos recursos que destacan de inmediato: lo pictórico y lo musical. En el primero, se percibe el manejo cuidadoso del sustantivo y la dosificada adjetivación, que contribuye a crear ese particular universo cromático donde el amarillo, el verde y los tonos ocres se imponen como en el cuadro de Van Gogh que adorna la portada.
A propósito de esto, el subtítulo “Oleajes pictóricos” es, de entrada, una declaración de principios, un breve manifiesto estético que anticipa, ya, el audaz collage de criaturas y paisajes de irrealidad, enigma y difusos contornos fantásticos que pueblan este libro.
Y con respecto al segundo, también, en alguna oportunidad, se ha señalado la presencia de lo musical, no solo en la temática, sino también en el ritmo poético que permea la obra de Montesinos; en ese tono cuya cadencia surge de la sabia ordenación de las palabras; ese fluir que provoca leerlo en voz alta como se estilaba en los lejanos tiempos del helenismo.
¡Qué tal si te robo la virginidad / y me la guardo en el estómago!
Los poemas parecieran rebasar sus fronteras semánticas y adquirir una insólita, profunda e inédita significancia.
Asimismo, cabe subrayar, la preeminencia del yo poético en la enunciación, la presencia de esa voz que se exhibe sin rubores en toda su experimentación y voluntad de trascender el lenguaje.
Richard Daniel Alejos Martín
UNFV
UCH